Participación en la conferencia UNESCO × CIMEA: museos, cultura y futuro digital

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Versión editorial en español, basada en el artículo original en ruso. Se preservan los argumentos principales y los temas de la ponencia.

Participación en la conferencia de UNESCO y CIMEA

El 27 de octubre de 2026 intervine en Almaty Museum of Arts durante la conferencia internacional UNESCO × CIMEA «Asia Central sostenible: las rutas de la seda de la educación, las artes y la inteligencia artificial». Mi intervención figuraba en el programa con el título Museums and Cultural Institutions as Spaces for Connection and Exchange, pero decidí plantear una reflexión más amplia: desde el desarrollo de la civilización y la economía creativa hasta los museos como instituciones de memoria y la inmortalidad digital.

Quería conectar cuestiones que a menudo se estudian por separado. Los economistas hablan de innovación y productividad; los artistas, de creación y libertad; las universidades, de conocimiento y formación; los museos, de patrimonio; y las empresas tecnológicas, de sistemas digitales. Sin embargo, muchas transformaciones importantes surgen precisamente en el encuentro de estos campos. Este artículo desarrolla las ideas de mi ponencia, que durante el evento solo pude presentar de forma abreviada.

Todos los modelos son erróneos, pero algunos son útiles

Comencé con la conocida frase del estadístico George Box: «Todos los modelos son erróneos, pero algunos son útiles». Esta advertencia es importante cuando intentamos representar mediante esquemas la complejidad social. Un modelo no equivale a la realidad: la simplifica y destaca relaciones que ayudan a formular nuevas preguntas.

Lo decisivo no es que el modelo pretenda ser una verdad absoluta, sino que sirva para pensar de forma sistémica en un momento en el que la velocidad de los cambios tecnológicos deja poco espacio para evaluar sus consecuencias culturales, sociales y éticas.

Tres revoluciones que convergen

Propongo observar tres procesos conectados: las revoluciones tecnológicas, relacionadas con herramientas y producción; las revoluciones de la información, vinculadas con la transmisión y acumulación del conocimiento; y los cambios socioeconómicos, que transforman las relaciones entre personas, propiedad, trabajo e instituciones.

En otros periodos históricos estos cambios podían estar separados por largos intervalos. Hoy la inteligencia artificial, las plataformas digitales, los sistemas productivos y las prácticas sociales evolucionan simultáneamente y se refuerzan mutuamente. Por eso la transformación digital no puede reducirse a automatizar tareas existentes.

La sociedad creativa y la economía del conocimiento

A medida que la actividad intelectual se vuelve central para la creación de valor, aumenta la relevancia de la economía creativa. No se trata únicamente de profesiones artísticas, sino también del conocimiento, las ideas, la investigación, el diseño y el desarrollo de software como motores del progreso.

En las economías dependientes de recursos materiales es especialmente importante ampliar su componente intelectual. Pero antes de comparar cifras debemos reconocer que la definición de «industrias creativas» varía entre países y estudios. Sin una metodología compartida, las estadísticas pueden resultar engañosas.

Artista, visionario, investigador e innovador

Para ilustrar cómo surge el conocimiento, presenté un «círculo del conocimiento»: dentro se encuentra lo conocido y fuera, lo todavía inexplorado. Cuando se expande lo que sabemos, también crece la frontera con lo desconocido y aparecen nuevas preguntas.

Sitúo al artista en esa frontera, entendiendo el término en un sentido amplio: una persona capaz de imaginar lo que los modelos existentes todavía no permiten describir. A partir de la intuición pueden aparecer hipótesis, investigación, innovación, productos y nuevas prácticas sociales. Con el tiempo, algunos resultados llegan a formar parte del patrimonio cultural.

Por qué las universidades necesitan el arte: STEAM

El enfoque STEAM conecta ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas. Considerar el componente artístico como una decoración opcional de las ciencias es un error: el arte constituye una forma propia de investigar y formular problemas.

Los artistas suelen experimentar temprano con nuevas herramientas porque no están limitados por su uso previsto. La educación interdisciplinaria debería fomentar el riesgo intelectual, la autonomía y la capacidad de preguntar, en lugar de enseñar exclusivamente la aplicación correcta de soluciones ya existentes. En la conferencia esta idea dialogaba con las reflexiones de Francesco Monico sobre el arte como disciplina de conexión.

Economía creativa y responsabilidad

El desarrollo sostenible de la cultura, la educación y los museos no puede separarse de la responsabilidad social de las organizaciones que poseen recursos. Me referí a Howard Bowen, a la pirámide de responsabilidad de Archie Carroll y a los actuales enfoques CSR y ESG.

El objetivo no es contraponer los resultados económicos y el bien común, sino considerar las consecuencias de cada decisión para las personas, la sociedad, el medio ambiente y las futuras generaciones. Las orientaciones ISO 26000 pueden servir de lenguaje común en alianzas culturales a largo plazo.

Cómo medir el impacto social del arte

También presenté un estudio que revisa la literatura científica sobre el impacto del arte y distingue tres grandes campos: arte, cultura y sociedad; arte y educación; y arte y bienestar humano.

La importancia de la cultura no se explica con una sola cifra de visitantes, ingresos o valor de mercado. Puede manifestarse en comunidades más fuertes, aprendizaje, cambios en la relación con el patrimonio o experiencias humanas difíciles de cuantificar. Los museos y las universidades necesitan metodologías rigurosas que no confundan afirmaciones inspiradoras con evidencia del impacto.

Del objeto a la memoria cultural

Los museos son instituciones de memoria. Seleccionan, estudian, preservan e interpretan el patrimonio, y esta responsabilidad se extiende a datos y objetos que nacen en entornos digitales. UNESCO aprobó su Carta sobre la Preservación del Patrimonio Digital ya en 2003.

Debemos preguntarnos qué merece conservarse, qué constituye un original digital, cómo preservar programas y entornos técnicos, y quién responderá por el acceso a largo plazo. Sin una respuesta metodológica podríamos perder una parte considerable de la memoria de nuestro tiempo.

Digitalización y gemelos digitales

Una fotografía, un modelo tridimensional y un gemelo digital no son equivalentes. Una imagen reproduce una apariencia visual; un gemelo digital más complejo puede reunir información sobre estructura, materiales, procedencia, estado, cambios e interrelaciones.

La impresión 3D, la investigación de materiales y diversas tecnologías espaciales hacen posibles nuevas formas de estudio y reconstrucción. Pero debemos distinguir entre técnicas ya disponibles, experimentos de laboratorio e hipótesis a largo plazo: un gemelo digital exacto no garantiza que podamos reproducir íntegramente el objeto original. Para un museo, la procedencia de los datos y la diferencia entre documento e hipótesis son esenciales.

Conservar experiencias humanas multisensoriales

¿Cómo cambiaría el museo si pudiera conservar no solo imágenes, textos y sonidos, sino también tacto, olores, experiencias espaciales o ciertas respuestas emocionales? Las interfaces neuronales y los sistemas inmersivos empiezan a explorar algunas de estas posibilidades.

No existe, sin embargo, una tecnología capaz de registrar de manera fiable la totalidad de una experiencia humana. Precisamente por eso hay que discutir desde ahora qué podría considerarse patrimonio, qué nuevos derechos necesitarían las personas y qué competencias debería adquirir el profesional de museos.

El «alma digital» del museo

Utilizo la expresión «alma digital del museo» no para atribuir conciencia a una máquina, sino para hablar de un ecosistema que conecta datos de colecciones, conocimiento científico, misión institucional, inteligencia artificial, gemelos digitales y experiencias virtuales o aumentadas.

La tecnología debe continuar la función investigadora y pública del museo y no convertirse en un efecto espectacular desligado de sus objetivos. La autenticidad, la apertura y la responsabilidad cultural deben diseñarse desde la arquitectura de los sistemas. La interoperabilidad entre espacios virtuales es tan importante como la calidad de cada proyecto individual.

El desarrollo digital comienza con la integridad

La transformación digital no consiste únicamente en equipamiento o software. También exige transparencia, accesibilidad, calidad de datos y verificación. Los sistemas reproducen la cultura y los errores de quienes los diseñan.

Un modelo 3D convincente basado en datos falsos solo hace más persuasivo el error. Del mismo modo, un personaje histórico generado por IA sin fuentes verificables puede convertirse en una ficción presentada como prueba. Por eso la ética de la investigación, la gestión institucional y la documentación son fundamentales.

Inmortalidad digital: patrimonio o ilusión

La pregunta por lo que permanece después de la muerte acompaña a la humanidad desde sus orígenes. Hoy podemos preservar cartas, imágenes, voces, conocimientos y recuerdos, y utilizarlos para construir modelos digitales que contesten preguntas o reproduzcan rasgos de comunicación.

Pero un modelo no es idéntico a una persona ni demuestra la continuidad de su conciencia. En los museos surge una nueva cuestión: ¿puede un gemelo digital interactivo ser un objeto de patrimonio? ¿Quién tiene derecho a crearlo, con qué consentimiento y datos, y cómo se explica al público su grado de autenticidad?

Durante una conversación remota anterior a mi intervención pregunté a Michelangelo Pistoletto por la inmortalidad digital. Su respuesta me animó a distinguir entre la fantasía tecnológica de una existencia infinita y la continuidad cultural real de las imágenes, ideas y vínculos creados por una persona.

Autenticidad, derechos e identidad digital

Si un doble digital participa en la comunicación pública, ya no basta con preguntar si «funciona». Hay que examinar la procedencia de la información, el consentimiento, la precisión de la representación, los límites de modificación, la responsabilidad de los desarrolladores y la posibilidad de retirar el acceso.

Las herramientas de trazabilidad, incluido blockchain, pueden ayudar a documentar cambios y procedencia, pero un registro inalterable no convierte una afirmación falsa en verdadera. La autenticidad exige criterios de verificación, documentación rigurosa, fundamento jurídico y responsabilidad ética.

Una agenda de investigación para empezar hoy

No propongo esperar hasta que existan personalidades digitales perfectas o un metaverso museístico universal. Hay que desarrollar métodos antes de que la tecnología se generalice.

Propongo estudiar matrices de metadatos para gemelos digitales de objetos culturales, metodologías de reconstrucción de personajes históricos, modelos de gemelos humanos creados en vida, marcos éticos para la interacción entre personas y avatares, y las posibles relaciones entre agentes digitales autónomos.

Son líneas de investigación, no sistemas plenamente operativos. Requieren museólogos, historiadores, archiveros, filósofos, psicólogos, juristas, especialistas en ética, artistas, educadores e ingenieros.

Museo, universidad y artista: una invitación

Quise terminar recordando que el museo puede ser un espacio de diálogo entre educación, ciencia, cultura y tecnología. Las conferencias, las investigaciones, los programas educativos y los proyectos experimentales permiten poner a prueba ideas complejas y adquirir nuevas capacidades.

Museum Visual Club, en Almaty Museum of Arts, es un ejemplo de plataforma que reúne fotografía, tecnologías visuales, patrimonio digital y comunidad profesional.

La pregunta no es solamente cómo serán los museos dentro de cien o mil años, sino qué decidimos conservar hoy, a qué conocimientos otorgamos confianza, con quién colaboramos y ante quién somos responsables.

Descargar el programa oficial de la conferencia UNESCO / CIMEA (PDF)

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Fuente: archivo del autor. Versión en español preparada a partir del texto original.